Cómo dejar la máscara social sin perder tu lugar
La honestidad comienza cuando dejamos de editar lo que sentimos Hay un momento del relato de Verina que resulta difícil olvidar. Ella mira su firma sobre un documento importante y reconoce cada trazo, pero no reconoce a la mujer que lo ha escrito. No está confundida. Tampoco ha perdido la memoria. Lo que siente es más cercano y, por eso mismo, más inquietante: la distancia entre su identidad pública y su verdad interior se ha vuelto visible. Otro instante revela el origen de esa distancia. Cuando le preguntaron dónde había estudiado, mencionó una universidad prestigiosa en la que solo había participado en un breve seminario. La otra persona la admiró y Verina guardó silencio. Aquella omisión le abrió una puerta. Años después, una amiga de juventud escuchó su manera de hablar y le dijo: —Hablas como si estuvieras citando a alguien. En esas tres escenas aparece un patrón humano frecuente. Nos adaptamos para ser aceptados y, sin darnos cuenta, comenzamos a editar nuestra identidad. La más...